Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Periodismo y Literatura

Friday, 09 de June de 2006

Sueños

Poesía:Sueños
Autor: José Luis Castillejos Ambrocio

He cerrado mis ojos
Para abrazarte imaginariamente,
Rodearte la cintura a besos
Y morder tu alma.

Intento verte en todo
Y en la nada
En las nubes,
En el reflejo del agua.

Me agarro de tu mano,
Y escondo el frío
Bajo mi piel,
Solo suspirando,
Viéndote y no.

Me sucede a diario
Esos sueños
De montarme en las nubes,
Y deslizarme en la cascada
Y mordisquear las hojas,
Y agarrarte de los hombros.

Pero lamentablemente,
Despierto,
No estás allí,
Es sólo un sueño...

Por: jose luis castillejos | Poesía | Comentarios (0) | Referencias (0)

Friday, 04 de November de 2005

LOS KAIBILES, UN ENTRENAMIENTO EN EL MISMO INFIERNO GUATEMALTECO

Los kaibiles, las "máquinas de matar" del Ejército guatemalteco -una mezcla de "rangers" estadunidenses, gurkas británicos y comandos peruanos-, son entrenados en "El Infierno", una Escuela Militar del norte de Guatemala.

JOSÉ LUIS CASTILLEJOS

Lima.- Los kaibiles, las "máquinas de matar" del Ejército guatemalteco -una mezcla de "rangers" estadunidenses, gurkas británicos y comandos peruanos-, son entrenados en "El Infierno", una Escuela Militar del norte de Guatemala.

Al "Infierno", un Centro de Adiestramiento y Operaciones Especiales kaibil ubicado en la región de Poptún, a 415 kilómetros al norte de la capital de Guatemala, sólo se ingresa por invitación del Ejército y allí estuvo hace unos años este corresponsal de Notimex.

Los miembros de esa fuerza de élite son sometidos durante ocho semanas en ese centro a un entrenamiento de sobrevivencia en condiciones extremas y ellos siempre tienen presente el lema:

"Kaibil, si avanzo, sígueme; si me detengo, aprémiame. Si retrocedo, mátame!".

El tableteo de las ametralladoras, una densa columna de polvo y humo y jóvenes kaibiles carapintadas con el fusil M-16 al pecho y la bayoneta calada, reciben al visitante en una zona sembrada de minas y plantas de "pica-pica", que causan un escozor interminable.

Los estridentes cañonazos y el olor a pólvora ahuyentan a las aves, que vuelan despavoridas, mientras los hombres con traje de "fatiga" se desplazan pecho a tierra por entre el espeso follaje selvático, la tierra y el lodo.

Se trata de una demostración de la destreza que estos soldados -indígenas en su mayoría- han adquirido como resultado de un procedimiento desgastante y de privaciones que los ha convertido en implacables soldados de fortaleza inaudita.

Estos hombres cuya arma fundamental es la sorpresa, saben resistir y han sido instruidos como "máquinas de matar" que reaccionan ante "fuerzas o doctrinas extrañas que atenten contra la Patria", según fuentes militares consultadas por Notimex.

El curso para ser kaibil comprende tres etapas: la primera tiene una duración de 21 días de instrucción teórica y entrenamiento práctico en la que se mide el grado de espíritu militar y el nivel moral del aspirante.

La segunda fase se desarrolla en la selva por 28 días y al final del severo entrenamiento, el kaibil debe saber actuar con destreza en una guerra irregular y ser capaz de cruzar corrientes de agua, pantanos, riscos, hacer demoliciones, detectar y desactivar minas.

En la ultima etapa, el aspirante a kaibil, acostumbrado a comer culebras, hormigas y raíces, y a captar el agua del rocío en hojas, debe efectuar ataques de aniquilamiento, maniobras de inteligencia, penetraciones en territorio enemigo y reabastecimiento.

Le llaman “El Infierno” al centro de entrenamiento Kaibil porque los

38 grados y la intensa humedad han hecho a muchos desistir; en esa zona del norte guatemalteco han sido entrenados los Ranger de Estados Unidos, militares de Chile, México, China y Colombia.

El calor y el olor a pólvora y humo sofocan. El visitante común se derrite en plena selva del Petén guatemalteco donde pocos, sin embargo, ingresan y en el caso de los militares muchos no tienen la suerte de culminar el curso y llevar sobre la cabeza la boina púrpura y los emblemas.

Quienes deseen llevar la insignia de Kaibil tienen que pasar dos días sin dormir en un río con el agua hasta el cuello, bajar a rappel colgado de una cuerda, con el rifle al hombro y pasar un rio con una garrocha y si las fuerzas no le alcanzan caerá sobre las rocas.

Los Kaibiles son capaces de doblegar la voluntad del enemigo y su mística esta presente en todos los Ejércitos de América Latina, explicó a Notimex el entonces teniente Julio Alberto Soto Bilbao, de la 42 Promoción “Kaibil Balam Internacional”.

Ese grupo de élite fue creado el 5 de diciembre de 1974 para enfrentar a la desactivada Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), que durante cuatro décadas puso en jaque al gobierno de Guatemala.

Los militares adoptaron el nombre de “Kaibil Balam”, un rey del imperio Mam que nunca pudo ser capturado por los conquistadores españoles y, con ese espíritu se organizó inicialmente en función de un objetivo político-militar: recuperar el territorio de Belice para Guatemala.

Kaibil, que significa “hombre estratega; el que tiene la fuerza y la astucia de dos tigres” tuvo en aquel entonces la misión de preparar a jefes de unidades en la conducción de operaciones especiales para frenar a la subversión.

Algunos de los decálogos de los kaibiles son totalmente agresivos:

“Siempre atacar, siempre avanzar”; “El ataque de un Kaibil será planeado con secreto, seguridad y astucia, porque el Kaibil es una máquina de matar”.

Como parte de su preparación los enseñan a cuidar perros cachorros a los que terminarán matando para comérselos y son entrenados para arrancarle la cabeza de un mordisco a una gallina y, en la época de la guerra se especula que comieron carne humana.

Los militares de este grupo de élite exhiben orgullosos la insignia en forma de arco, con fondo negro, ribetes dorados llenados en el centro con la palabra KAIBIL con letras color amarillas.

El color negro significa operaciones nocturnas, el amarillo, diurnas, el ribete amarillo, la primera semana del curso, el fondo negro, la segunda, y las letras los siguientes 42 días.

Al término del entrenamiento, los Comandos se dan un banquete con carne de lagarto asada, iguana, venado y tienen el permiso de tomar por la fuerza al Ministro de Defensa de Guatemala, de turno, y lanzarlo a un estanque donde hay cocodrilos.

Como parte de la culminación del curso cada uno de los militares toma la “Bomba”, una mezcolanza de bebidas (tequila, whisky, ron, cerveza y agua mineral) que es servido en un vaso de bambú en cuyo exterior y hacia el borde superior está atada una bayoneta.

El militar tiene que tomar con cuidado la bebida porque con una “bomba” se embriaga y puede cortarse la frente con la bayoneta que sobresale por la parte superior del vaso.

A partir de entonces, los comandos ya pueden exhibir el escudo Kaibil, que tiene un mosquetón de alpinismo, que significa unión y fuerza, y la daga que está al centro de la imagen representa el honor y su empuñadora son cinco muescas, que significa los cinco sentidos permanentes del soldado.

Uno de los lemas que se lee en la entrada de la Zona Militar 23 de Poptún es “Bienvenidos al infierno” y ocho semanas allí así lo confirman.

Por: jose luis castillejos | Crónicas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Thursday, 30 de June de 2005

La "Hermandad del Toga" mantiene vivo en Perú el consumo de gato

El consumo de gato en Perú ha despertado curiosidad en diversos investigadores de la sociedad.

Por. JOSÉ LUIS CASTILLEJOS AMBROCIO*

Lima.- La melancólica balada de Manolo Galván resuena en la rockola del bar “El Paso”, en el corazón del barrio de La Victoria, donde la vida peligra y es un tango: el que no sabe bailar y comer gato, se jode nomás.

Suena tan triste el compás de la canción “Porqué te marchas abuelo” que el propio Galván, nacido en Alicante, parece llorar en vez de cantar y conmueve a quien la escuche en este barrio de peligrosas calles, plagada de ladrones, negros y prostitutas

“Aquí la gente es decente pero de malas mañas”, reza un mensaje escrito en el baño de “El Paso”.

Y frente a la desgastada rockola, Lauro Quintana, un bohemio de la Victoria o la “Rica Vicky” como llaman este barrio capitalino confiesa que él es un “gatónomo” (experto en cocinar carne de gatos).

“Es común por aquí jefe comer carne de gato y también es común que lo chaveteen (corten con navaja) para robarle; así que ándese con cuidadito porque si se descuida una puta lo pepea (droga)”, enfatiza este hombre de brazos tatuados y mirada perdida.

Efectivamente, en el Callejón del Fondo, en Barrios Altos, Huascarán o Renovación hay que andarse con cuidado. Se han convertido en las reales mecas del tráfico de drogas al menudeo de la capital peruana.

“Dicen que la gente mayor sobra en todos los sitios; por eso mi abuelo un día hizo su maleta y se marchó… creo que fue para no estorbar”, se escucha en la rockola mientras Lauro asegura que sigue vigente una tradición antigua: platillos de carne de gato.

El bar instalado en una vieja casona está impregnada por el polvo y el olvido, pero, según confiesa, Lauro, un ex chofer de combi, aquí la tradición de comer gato y el folklore afroperuano son las únicos que se resisten a morir.

El inexorable paso del tiempo ha dejado su huella en su polvorienta fachada y dañadas estructuras y al verlas brota la nostalgia por los buenos tiempos idos.

La versión de los “comegatos” la confirma el “rey del cajón”, el mejor percusionista y la “mejor voz negra de Perú”, Arturo “Zambo” Cavero, un hombre simpático, criollo, de gran vocerrón considerado como uno de los grandes del criollismo.

El “Zambo” confiesa que ha hecho retronar el cajón y su potente voz en jaranas (fiestas) donde el plato central ha sido el gato, acompañado de pisco (licor de uva).

El más virtuoso percusionista peruano asegura que el gato es “parecido la carne de conejo”; “en el Barrio Renovación se come de manera común por gusto y… necesidad, porque la gente no tiene a veces otro platillo qué llevarse a la boca”.

Los negros de La Victoria o del poblado de La Quebrada en Chincha comen el gato después de un día de maceración, acompañado de frijoles blancos, arroz, salsa criolla (hecha con cebolla, picante y limón y cilantro).

“Se come en Tacu tacu (revuelto con frijoles y arroz) o en seco (un guiso con cebolla, cilandro y especies de olor). La gente samba

(negra) siempre come gatos”, indicó Cavero al confirmar que asistió a la casa de Abraham Falcón, fabricante de guitarras.

Esa práctica es similar a la que hacen en la ex hacienda la Quebrada durante la fiesta de Santa Ifigenia, Protectora del Arte Negro, que se realiza cada 21 de septiembre en el poblado de San Luis Cañete, al sur de la capital.

El punto de reunión de algunos “come-gatos” es ahora el bar “El Paso”, una casa de melacólica verja que se resiste a caer

El Zambo Cavero asegura que con el tronar del cajón peruano se iniciaba el ritual de la “Hermandad del Toga ” a recordar una tradición del siglo XVIII: consumir potajes típicos a base de carne de gato.

Platillo de los antiguos esclavos negros, ahora el gato o “Toga” -silabas al revés- es sólo para unos cuantos: “los integrantes de la cofradía, un círculo extremadamente cerrado”, pero del que forman parte artistas, periodistas y políticos.

Carlos “El Chino” Domínguez, de lejos el mejor fotógrafo que ha retratado al Perú desde hace más de cuatro décadas, un asiduo degustador de gato señala que esta es una tradición antigua, pero que cobró fuerza desde la década de los 60.

“Es una tradición de los barrios populares: La Victoria, un barrio de negros; El Carmen, Chincha y el Guayabo (al sur de Lima). Después en El puerto de El Callao hay un lugar donde cocinan para gente que quiera, hasta ahora”, indicó.

Las zonas tradicionales donde se reunía la “Cofradía” o “Hermandad del gato” es el Callejón del Fondo, en los Barrios Altos, en la casa de Manuel “El Mono” Olivo, un compositor de valses peruanos, que fue frecuentada por el compositor Felipe Pinglo Alva.

“La gente venía con sus éxitos, sus composiciones, sus décimas desde el Barrio Debajo del Puente un poco a competir, a enfrentarse con su música, con sus valses, pero sobre todo a comer cabrito techero”, indicó.

Reconoce que es un círculo muy cerrado, como una capilla chiquita de gente, el Mono Olivo, un negro, buen cantante. El preparaba el “cabrito (como llaman al gato) de techo”, un seco.

Pero el “Chino Domínguez”, señala que el gato que sirve para guiso es el “cimarrón”, el callejero, el que roba comida y caza ratas, porque los que se crían en casa son flácidos debido a la falta de ejercicio.

“Su carne es parecida a la del conejo y cuando se cocina es oscura como la del pato, pero más olorosa que el cerdo”.

Para comer gato hay toda una ceremonia ya que se le colocan trampas y si cae una hembra esta es liberada para que siga reproduciéndose.

De un gato grande salen 14 piezas exactas que son maceradas en ají (chile aromático), vinagre, ajo, laurel, comino, pimienta y achiote.

Pero la matanza de gato es un trabajo complejo, difícil, ya que algunos destazadores acostumbran a cortarles el pescuezo, otros lo ahogan, otros los matan a contrasuelazo (golpeándolos contra el
piso) y algunos más los ahogan.

A veces el felino logra escaparse pese a estar dentro de un costalillo atado, y sumergido en un río; “la desesperación del gato es tremenda y logra escapar del agua”.

“Los gateros saben cómo matarlos. Los destazan un día antes de ser consumidos, le quitan la vena ubicada en el anca izquierda y después le hacen un agujero en una de las piernas e inflan la piel para despellejarlo”, explicó Domínguez.

Un día antes de la ceremonia lo sazonan en un recipiente grande con vinagre rojo, de vino, comino, pimienta, ajo, plantas aromáticas y se macera con sus ajíes y al día siguiente esas presas van a ser fritas.

Los “comegatos” acostumbran hacerlo con frijoles pallares, panamito, y lo acompañan con arroz graneado, alverja, yuca amarilla. Cuando es frito el gato tiene un olor más agradable que la carne de cerdo.

Cuando en el Callejón del Buque en La Victoria se cocinaba gato el olor inundaba el barrio, mientras empezaba a correr el pisco, el trago para la ceremonia.

A este tipo de eventos van muchos compositores, gente como los Falcón, fabricante de la marca homónima de guitarras, políticos como Hugo Blanco, compositores como Arturo “Zambo” Cavero Juan de Dios Rojo.

Otros que han comido gato son: Manuel Acosta Ojeda y Pablo Casas Padilla, sucesor de Felipe “Pinglo” Alva. Ese encuentro es de gente de la bohemia limeña, criollos, que gustan de este platillo.

“Este es un círculo cerrado, no entra cualquiera. Además que los gatos no dan para muchos. Nos pasamos la voz y todos los martes lo hacíamos, pero lo que pasa es que en esa época la granja era grande, era el barrio de La Victoria”, recuerda Domínguez.

Pero los huesos del llamado “cabritos de techo” no son mordisqueados por los perros que rechazan probarlos.

“De comer gato nadie se ha muerto en Perú. Es agradable, para chuparse los dedos, veo con que gusto la gente chupa los huesos. La carne de gato es más rico que el cuy (roedor)”, indicó.

En el Guayabo un negro apodado Don “Lija” guisa el “gato broaster” (embardurnado de harina y frito), constituyendo ese plato algo “muy selectivo”.

Las reuniones eran tradicionales, una costumbre corta que no pasa de los 40 años. Antes era más discreto ya que la gente decía “ese negro cochino come gato”.

En Huerta Perdida, otra zona de Barrios Altos, por el lado del cementerio, en la casa de la abuela Isabel, también se preparaba el gato, pero ella al igual que otros cocineros han muerto y según “El Chino” Domínguez ya nadie lo prepara igual.

Periodista mexicano

Copyright © 2005/Notimex/José Luis Castillejos

jlcastillejos@yahoo.com, joseluiscastillejos@gmail.com

Por: jose luis castillejos | Crónicas | Comentarios (0) | Referencias (1)

Thursday, 30 de June de 2005

El último pregonero de Lima, Leónidas González mantiene viva las tradiciones

Un hombre, bajito, de raza negra pregona a voz en cuello unos dulces en diversas plazas de Lima, Perú


Por José Luis Castillejos

Lima, (Notimex).- Leonidas González pensó que jamás se iba a recuperar del fuerte golpe moral que sintió al perder su trabajo y que sus jubilosos días en Palpa, su sureño pueblo natal, alejado de las dunas y el mar, no volverían jamás.

Pero se equivocó al descubrir, hace 58 años, al llegar a Lima, que aquí en la Metrópoli del Ande principal podría, igual que en la sureña región de Palpa, "ojear" igual o mejores atardeceres, que recorrería calles y que conquistaría a muchos peruanos.

Y los conquistó por el estómago, como lo hicieron sus antepasados pregoneros, en la época de los Virreyes, en el siglo XV, con su "Revolución caliente", una galletita, fabricadas por él mismo y degustada por miles de peruanos.

"Revolución caliente, música para los dientes, azúcar, clavo y canela, para rechinar las muelas, por esta calle me voy, por la otra me doy la vuelta, la chinita que me quiera, que me deje la puerta abierta", pregona por las calles González.

Este hombre que ha sentido el hambre y ha vivido muchas tristezas se confiesa a Notimex como el "último pregonero de Lima", tal como lo reconoció la Municipalidad al entregarle el pergamino y convertirlo en una especie de "reliquia" social.

Leonidas lo mismo recorre las calles del centro de Lima que las de Miraflores o el barrio bohemio de Barranco, ubicados frente al mar, y esa caminata, ese aspirar el aroma a mar, a flores en el parque John F. Kennedy, lo mantienen vivo, activo a sus 71 años.

Rompiendo la ancestral tradición de salir a las 10 de la noche a pregonar su galletita, Leonidas ha optado por recorrer las calles, en estos tiempos de crisis, un poco más temprano y desde las ocho de la noche ya se escucha su canto.

Decenas de niños, jóvenes o ancianos llegan hasta él y compran las galletitas por un sol (25 centavos de dólar) que, efectivamente, rechinan entre los dientes al ser mordidas, dejando escapar el sabor a clavo y canela.

Detrás de sus gruesos lentes, Leonidas un hombre de raza negra, que nació en el año 1933, ve con tristeza cómo la luz de neón del parque Kennedy, en el centro de Miraflores, opaca su linterna de petróleo, cuya pequeño chispa servía a principios de siglo pasado para atraer clientes.

Leonidas balancea su linterna y pregona sus galletas que yacen en el fondo de su bolsa de plástico, cruzada al pecho y confiesa que la fórmula la aprendió del extinto Pedro González, un limeño que intentó ayudarlo, de esa forma, cuando perdió el empleo.

Recordó que por primera vez vino a Lima a la edad de 23 años para dar su servicio militar en el Ejército y formó parte del Batallón de Ingeniería Sacsahuaman Número 6", en el distrito (capitalino) de Chorrillos, donde obtuve el grado de Sargento.

A sus 71 años, el sargento Leonidas Gonzáles, se mantiene en forma, camina decenas de calles, en Lima, a unos 300 kilómetros de distancia de Palpa, lugar del que recuerda trabajó en la chacra (campo), cortando algodón, y trabajando como tractorista

Antes de vender la "Revolución caliente", Leonidas trabajó en una empresa importadora de aceites y abarrotes y también la hizo de albañil pero a causa de las huelgas que se vivían en la época renunció continuar con ese empleo.

Su amigo Pedro González Torres le dijo que vendiera revolución caliente, cuando se iniciaba el año 1960 y 37 años después recibió el título honorario de "pregonero de Lima", que lo hace sentir feliz.

Sin embargo, no sólo de felicidad vive el hombre, sino también de dinero y este escasea; antes no era pregonero pero vendía una buena cantidad de galletas no como ahora que está apretado y ajustado (el presupuesto familiar)", indicó.

"Mientras tenga vida tengo que seguir en lo mismo", asegura Leonidas al ser preguntado si ha pensado en retirarse de la "Revolución caliente" y niega que la poca venta le haga sentirse decepcionado o desencantado de la vida.

Con la revolución caliente, dice, ha vestido, dado educación y techo a sus seis hijos (tres hombres y tres mujeres).

El ex alcalde de Lima y candidato presidencial del movimiento Somos Perú, Alberto Andrade, ha comido la "revolución caliente" de Leonidas González y el cineasta Ricardo Atenor lo invitó hacer la película "Música para los dientes", en 1989.

"Soy el último pregonero de las tradiciones peruanas (del escritor Ricardo Palma) pero me voy quedando sólo", dice con cierto aire de nostalgia mientras agita su lamparita de kerosene (petróleo) y vocea su galletita.

Leonidas quizás sea el único fantasma de la Colonia que deambula por Barranco y Miraflores, y pese a ser famoso por aparecer en varias telenovelas de época encarnando a sus antepasados pregoneros, vive pobre en el populoso barrio de Collique.

Muchos de los personajes que en la Colonia o en la República formaban parte del paisaje urbano de la capital todavía prevalecen a través de la voz y los pasos del pregonero Leonidas González.

Lima, fue fundada el 18 de enero de 1535 por el conquistador Francisco Pizarro se convirtió en la ciudad más importante del Virreinato del Perú, y su historia atesora a muchos Leonidas.

"Creo que me voy quedando solo", dice nostálgicamente Leonidas mientras se aleja con su pregón y balanceando tímidamente su lamparita de kerosene.

Efectivamente, se pierde, extremadamente sólo, a la distancia frente al Malecón Miraflores, de cara al imponente Pacífico peruano.

(*) Periodista mexicano

Por: jose luis castillejos | Crónicas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Thursday, 30 de June de 2005

El Pigalle, un cabaret en la Europa de Latinoamérica

Crónica sobre las vivencias de mujeres que se prostituyen en un famoso cabaret en pleno centro de Santiago de Chile.


Por José Luis Castillejos Ambrocio, jlcastillejos@yahoo.com

Santiago de Chile.- Soterrado en uno de los costados del Paseo Ahumada, en el centro de Santiago, el “Pigalle”, un boité y cabaret, de mortecinas luces rojas y amarillas, esconde un drama humano de esta Europa de Latinoamérica: la prostitución de chiquillas peruanas, chilenas, colombianas.

Quince escalones arriba, en la noctámbula ciudad, no se percibe lo que abajo ocurre y como el tiempo, la nostalgia, la pobreza y la inmundicia humana corroen el alma de mujeres-niñas que fueron azotadas por la desventura.

Notimex ingresó hasta ese lugar para constatar cómo sobreviven, día a día, desde la una de la tarde a las 11 de la noche, mujeres con cuerpos de niñas que, víctimas de la crisis económica, son prostituídas por una poderosa mafia, regenteada por “El Padrino”, un enigmático personaje chileno de quienes todos hablan, pero nadie conoce.

Y en ese local subterráneo del Paseo Ahumada, en el corazón del país más democrático del continente se oculta la forma más cruel y degradante a la que pueda ser sometida una mujer: vender su cuerpo para subsistir y agenciarse recursos.

“Duele el corazón/no sabes cuánto duele. Estoy sola otra vez, sola en esta habitación/ resuena en el lugar una canción romántica pirateada desde Lima. Esas penas, resumidas en la melodía y de esos sinsabores de la vida nada sabe el tristemente célebre José Aravena

(a) “El padrino” cuya riqueza, según cuentan sus empleadas a Notimex, se hizo a costa del sudor, el baile, los desvelos y los tragos de otros.

Antes de llegar a Pigalle hay un “café con piernas”, donde chicas de diminutos s y senos bamboleándose al aire sirven tazas humeantes. En ese atiborrado lugar no venden tragos, sólo ilusiones y cantidades industriales de cafeína.

De ahí, muchos salen al Pigalle donde mujeres hermosas, pero en condiciones de pobreza, utilizan sus cuerpos para salir a flote.

“Patty”, con doble “t”, una peruana vino a probar suerte a Santiago. Dejó su tierra natal, Lambayeque, en el norte de Perú, pero el tiempo y las circunstancia le han pasado la factura y ahora, más miserable que antes, quiere regresar.

Mientras conversa con el enviado pierde la mirada en un punto indeterminado de la pista, mientras danzan y danzan las luces, mordisqueando la oscuridad. “Ya nada es igual desde que me vine a buscar dinero; no he logrado cumplir mi meta, mejorar mi vida”, dice con voz nostálgica.

En su mano derecha sostiene una copa y en la izquierda un cigarrillo. Ambos los consume de a pocos, como queriendo prolongar su agonía. “Y es que duele el corazón, duele pero ya no estás, duele el corazón cuando te hablo y tú no estás”, resuena insistentemente la melodía.

Pareciera ser la canción de moda que en cada una de las mujeres cala hondo, muerde el corazón y fustiga el alma. Pero después, más serena que un cielo de verano, Patty cuenta que gana apenas unos 6.66 dólares diarios de salario en el Pigalle, algo así como 73 pesos mexicanos.

Cobra por un show otros dos dólares, pero la casa gana al cobrar seis dólares por cada trago que ella sirve. La crisis es sólo para los empleados, no para el boyante negocio que cobra 3.50 dólares de ingreso, con derecho a un trago.

“Estamos arruinadas... Ninguna de mis compañeras logra sacar una buena cantidad de dinero y a mi la crisis me tiene ahogada. Debo dos meses de renta y mi hijo ya no tiene comida, dice Patty a este enviado mientras pide 20 centavos de dólar para comprar un cigarrillo.

Extiende la mano al recibir un billete como sin en olla quisiera también aferrarse, imaginariamente, a un mejor futuro en este país a donde llegó cargada de promesas, y sueños de prosperidad.

Originaria de la región peruana de Lambayeque, una de los poderosos atractivos turísticos de Perú en cuyas cercanías se desarrollaron las culturas preincas, Mochica y Chimú, Patty está ahora lejos de esas tierras, triste y decepcionada.

No dispone de dinero, ni de documentos. Es una ilegal en toda la expresión de la palabra y no tiene forma de regresar y menos de salir de la prostitución, un foso en la que cada vez se hunde más.

A dos años de haber llegado hasta aquí y a miles de kilómetros de distancia de su tierra, Lambayeque, un lugar bello, bañado por la brisa marina, Patty confiesa que lo que más extraña es la comida, el ritmo musical de su pueblo donde se baila la marinera, similar a la jota aragonesa.

Un panorama parecido vive Kely, una chilena de 22 años, media china, piel canela, labios y cuerpo delgado quien a pesar de bailar todas las noches, desde hace tres años, no logra acumular dinero para pagar la operación de su madre.

Desde la una de la tarde a las 11 de la noche, las jovencitas del Pigalle, permanecen encerradas en el sitio, respiran humo de cigarrillos y se consumen lenta...muy lentamente.

La débil y mortecina luz del Pigalle, que apenas alumbra la pequeña pista de baile, en cuyo centro hay un tubos cromado donde las chicas rozan sus cuerpos, se apaga por completo a las 23:00 horas. Ni un minuto mas, pues las leyes chilenas sancionan a los negocios que funcionen más tiempo en esa parte de Santiago.

Un policía complaciente, cadena en mano, espera cerrar, por hoy, el boite y cabaret, mañana, dice, Dios dirá.

Afuera el viento sopla fuerte, golpea el rostro de los trasnochadores pero no los ahuyenta. A esas horas cientos de peruanos aún tienen “tomada” la Plaza de Armas frente a la catedral donde un payazo cuenta chistes, sin que lo entiendan los fuereños.

Los negocios de destartaladas mesas redondas, en el llamado “centro peruano”, debido a que ciudadanos de esa nacionalidad llegan hasta ahí, son atiborrados por una mancha humana que va a contar sus aventuras, desventuras y tomar cerveza.

Unos peruanos están dentro del restaurant “Marco Polo” y otros detrás del cristal viendo un partido de fútbol, un deporte de multitudes que une, aunque sea por momentos, a los peruanos y chilenos en torno a un objetivo común: un balón.

Y así como Marco Polo, el viajero veneciano que atravesó Asia por Mongolia y permaneció en China al servicio de Kan Kubilai, los peruanos, salvando la distancia y la época, han cruzado miles de kilómetros para venir hasta Santiago a trabajar, a buscar mejor suerte, pero esta, a veces, les es esquiva.

Otros como Patty, la chica del Pigalle, aspiran regresar a su añorado Perú, la tierra de los grandes señores del antiguo Imperio Inka y de Lambakeque que regaron las tierras con sus tumbas, negándose así a formar parte del olvido.

Y aquí es cuando el mito vuelve a su origen y el verbo amar se pierde, se esfuma como volutas de humo...

Nada después de esto es igual en el Pigalle, ni la tristeza misma.

(Santiago de Chiles. Crónicas citadinas)

Copyright © José Luis Castillejos-Notimex 2004

Por: jose luis castillejos | Crónicas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Acerca de

Artículos, crónicas, poesías y reportajes de José Luis Castillejos Ambrocio

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com