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Periodismo y Literatura

Jueves, 30 de junio de 2005

El último pregonero de Lima, Leónidas González mantiene viva las tradiciones

Un hombre, bajito, de raza negra pregona a voz en cuello unos dulces en diversas plazas de Lima, Perú


Por José Luis Castillejos

Lima, (Notimex).- Leonidas González pensó que jamás se iba a recuperar del fuerte golpe moral que sintió al perder su trabajo y que sus jubilosos días en Palpa, su sureño pueblo natal, alejado de las dunas y el mar, no volverían jamás.

Pero se equivocó al descubrir, hace 58 años, al llegar a Lima, que aquí en la Metrópoli del Ande principal podría, igual que en la sureña región de Palpa, "ojear" igual o mejores atardeceres, que recorrería calles y que conquistaría a muchos peruanos.

Y los conquistó por el estómago, como lo hicieron sus antepasados pregoneros, en la época de los Virreyes, en el siglo XV, con su "Revolución caliente", una galletita, fabricadas por él mismo y degustada por miles de peruanos.

"Revolución caliente, música para los dientes, azúcar, clavo y canela, para rechinar las muelas, por esta calle me voy, por la otra me doy la vuelta, la chinita que me quiera, que me deje la puerta abierta", pregona por las calles González.

Este hombre que ha sentido el hambre y ha vivido muchas tristezas se confiesa a Notimex como el "último pregonero de Lima", tal como lo reconoció la Municipalidad al entregarle el pergamino y convertirlo en una especie de "reliquia" social.

Leonidas lo mismo recorre las calles del centro de Lima que las de Miraflores o el barrio bohemio de Barranco, ubicados frente al mar, y esa caminata, ese aspirar el aroma a mar, a flores en el parque John F. Kennedy, lo mantienen vivo, activo a sus 71 años.

Rompiendo la ancestral tradición de salir a las 10 de la noche a pregonar su galletita, Leonidas ha optado por recorrer las calles, en estos tiempos de crisis, un poco más temprano y desde las ocho de la noche ya se escucha su canto.

Decenas de niños, jóvenes o ancianos llegan hasta él y compran las galletitas por un sol (25 centavos de dólar) que, efectivamente, rechinan entre los dientes al ser mordidas, dejando escapar el sabor a clavo y canela.

Detrás de sus gruesos lentes, Leonidas un hombre de raza negra, que nació en el año 1933, ve con tristeza cómo la luz de neón del parque Kennedy, en el centro de Miraflores, opaca su linterna de petróleo, cuya pequeño chispa servía a principios de siglo pasado para atraer clientes.

Leonidas balancea su linterna y pregona sus galletas que yacen en el fondo de su bolsa de plástico, cruzada al pecho y confiesa que la fórmula la aprendió del extinto Pedro González, un limeño que intentó ayudarlo, de esa forma, cuando perdió el empleo.

Recordó que por primera vez vino a Lima a la edad de 23 años para dar su servicio militar en el Ejército y formó parte del Batallón de Ingeniería Sacsahuaman Número 6", en el distrito (capitalino) de Chorrillos, donde obtuve el grado de Sargento.

A sus 71 años, el sargento Leonidas Gonzáles, se mantiene en forma, camina decenas de calles, en Lima, a unos 300 kilómetros de distancia de Palpa, lugar del que recuerda trabajó en la chacra (campo), cortando algodón, y trabajando como tractorista

Antes de vender la "Revolución caliente", Leonidas trabajó en una empresa importadora de aceites y abarrotes y también la hizo de albañil pero a causa de las huelgas que se vivían en la época renunció continuar con ese empleo.

Su amigo Pedro González Torres le dijo que vendiera revolución caliente, cuando se iniciaba el año 1960 y 37 años después recibió el título honorario de "pregonero de Lima", que lo hace sentir feliz.

Sin embargo, no sólo de felicidad vive el hombre, sino también de dinero y este escasea; antes no era pregonero pero vendía una buena cantidad de galletas no como ahora que está apretado y ajustado (el presupuesto familiar)", indicó.

"Mientras tenga vida tengo que seguir en lo mismo", asegura Leonidas al ser preguntado si ha pensado en retirarse de la "Revolución caliente" y niega que la poca venta le haga sentirse decepcionado o desencantado de la vida.

Con la revolución caliente, dice, ha vestido, dado educación y techo a sus seis hijos (tres hombres y tres mujeres).

El ex alcalde de Lima y candidato presidencial del movimiento Somos Perú, Alberto Andrade, ha comido la "revolución caliente" de Leonidas González y el cineasta Ricardo Atenor lo invitó hacer la película "Música para los dientes", en 1989.

"Soy el último pregonero de las tradiciones peruanas (del escritor Ricardo Palma) pero me voy quedando sólo", dice con cierto aire de nostalgia mientras agita su lamparita de kerosene (petróleo) y vocea su galletita.

Leonidas quizás sea el único fantasma de la Colonia que deambula por Barranco y Miraflores, y pese a ser famoso por aparecer en varias telenovelas de época encarnando a sus antepasados pregoneros, vive pobre en el populoso barrio de Collique.

Muchos de los personajes que en la Colonia o en la República formaban parte del paisaje urbano de la capital todavía prevalecen a través de la voz y los pasos del pregonero Leonidas González.

Lima, fue fundada el 18 de enero de 1535 por el conquistador Francisco Pizarro se convirtió en la ciudad más importante del Virreinato del Perú, y su historia atesora a muchos Leonidas.

"Creo que me voy quedando solo", dice nostálgicamente Leonidas mientras se aleja con su pregón y balanceando tímidamente su lamparita de kerosene.

Efectivamente, se pierde, extremadamente sólo, a la distancia frente al Malecón Miraflores, de cara al imponente Pacífico peruano.

(*) Periodista mexicano

Por: jose luis castillejos | Crónicas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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